Tai Chi

El  Tai Chi moviliza la energía por los meridianos para disolver los  bloqueos. Una sesión de Tai Chi comienza con una relajación breve y  ejercicios de Chi Kung (ejercicios para desarrollar la energía) en los  que realizamos estiramientos, desbloqueo de articulaciones,  respiraciones y visualizaciones.

Después se perfecciona o aprende la forma corta de Tai Chi de 24 movimientos o la forma larga de 78 movimientos.

La sesión termina con una relajación o meditación.

Para  aprender Tai Chi se requiere paciencia y constancia. Desarrolla la  sensibilidad, la suavidad, la continuidad y la capacidad de fluir con la  vida como el agua de un río. Ayuda a prevenir o curar enfermedades.

 El tai  chi es un arte marcial interno de origen taoísta que nos ayuda a conectar con nuestro maestro  interior.

La práctica  del tai chi nos enseña a estar relajados en lo cotidiano, a estar  atentos a lo que está ocurriendo en nosotros y en nuestro entorno y de ese modo  nos ayuda a armonizarnos con  nosotros mismos y con el mundo exterior.  Desarrollamos una actitud de  apertura, esto es que estamos abiertos a  los cambios que surjan, aceptándolos  desde la atención y la relajación.   El agua del río nunca asciende la montaña, busca el camino más natural  y fluido  y se dirige ladera abajo para fundirse con el mar.  El tai chi nos  enseña a conocernos mejor, a liberarnos de las capas que  nos ponemos que nos  alejan de lo que realmente somos. Dirige esta  pregunta hacia tu interior con  frecuencia sin buscar una respuesta  racional o lógica: ¿quién soy yo? El tai chi  puede transformarse en una  meditación en movimiento en la que se funden sin  esfuerzo la respiración, el  movimiento y la atención.

Hemos  dicho  antes que el tai chi es un arte marcial, pues los movimientos  tienen una  aplicación para la defensa personal. Sin olvidar el aspecto  marcial, para poder  poner intención y fundamento en los movimientos hay  otro aspecto del tai chi que  merece una especial atención: el  tai chi es un Arte. Con práctica y perseverancia, llega un momento en  que uno se encuentra  con una gran belleza mientras realiza los movimientos y, de  la  serenidad, surge un sentimiento de unidad que abarca el universo entero.   El tai chi es como la  Escultura. Uno  mismo se va tallando, liberándose de  aquello que no es realmente útil  para que se exprese lo auténtico que todos  llevamos dentro. El tai  chi es como la Pintura. Los movimientos están en el lienzo del espacio y del  aire. Es como si el cuadro ya estuviera pintado y sólo espera que te   sueltes, que dejes que el pincel vaya donde tenga que ir y de repente  todo surge  sin esfuerzo y en medio de un océano de gozo inconmensurable  estás tu y a la vez  desapareces fundiéndote en sus cálidas aguas de  vibrante energía.

Aquello que  quieres conseguir realízalo en ti ahora. Durante la práctica utilizamos la  técnica de la sonrisa interna, que  consiste en mantener una actitud  positiva de alegría impregnando todo nuestro  ser de amor. Si  quieres que tu entorno sea amoroso y sereno comienza  por desarrollar  amor y serenidad en tu interior. Tu entorno es un reflejo de  ti.

El tai  chi te enseña a tomarte las cosas con calma.  La paciencia es la ciencia  de la paz. Para aprender los movimientos se  requiere paciencia y constancia. Lo  realmente importante no es la meta  sino el proceso que estás viviendo ahora,  disfrútalo.

El tai  chi te recuerda cómo es tu respiración natural.  La respiración natural  surge cuando estamos atentos al proceso  respiratorio, y poco a poco se va  disolviendo la tensión que no es  necesaria. Para relajarte no tienes que hacer  nada. Tan solo permanecer  atento y bien despierto. Sé como un gato al acecho de  un ratón,  relajado mientras espera su oportunidad.

No te tomes la práctica de tai chi demasiado en serio,  al igual que la vida. Seamos  como  niños que lo miran todo con ojos nuevos llenos de júbilo,  rebosantes de energía.  La solemnidad crea tensión. La tensión bloquea  el flujo de energía y la  naturaleza de la energía es el movimiento  continuo, por tanto, relájate y  diviértete practicando.

Puede practicar tai chi todo aquel que tenga cabeza y  corazón y  el que no tenga cabeza y corazón también. Creo que tu también puedes practicar tai chi.

Los  movimientos de tai chi se aprenden por imitación y  con práctica y  constancia se aprende a sentirlos, de forma que surjan de dentro  de  cada uno, desde el equilibrio entre el sentimiento y la razón. Hay  tantos  estilos de tai chi como practicantes. Todos los estilos son  perfectos. Debemos  respetar la evolución de cada practicantes, sin  comparaciones, pues siempre  habrá alguien que aparentemente realice la  forma de tai chi mejor o peor que tu,  técnicamente hablando. Pero quién  puede juzgar el aspecto interno, el aspecto  meditativo, la sensación  de calma y paz, de bienestar interno, de estar viviendo  y disfrutando  de cada instante durante la práctica de la forma. Si uno siente la belleza en su interior  se transmite hacia el exterior. La técnica es importante para asentar  las bases de una práctica  correcta, pero también es importante, llegado el  momento, abandonar la  técnica, en el sentido de dejar que surja el movimiento  desde dentro,  dejar que se exprese el sentimiento desde el corazón. El tai chi es un  ARTE.

Texto.  Javier García Colmenar (Profesor de Tai chi)

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